Perdón por los daños y por los malos ratos. Si en algún momento dejo de existir, tengan presente que no siempre fui infeliz. Sólo estoy perdida. Un poco confundida.
Solamente espero que todos estén bien. Que entiendan de nuevo que no quise ser parte del caos que cause.
Flores. Árboles. Casas. Colores.
Autos. Camas. Olores. Sabores.
¿Dónde está él cuándo las lágrimas inundan una ciudad?
¿Dónde está él cuándo me he caído y no me sé levantar?
Me han cortado las piernas para que no me duelan más.
Me han cantando canciones que jamás volveré a escuchar.
Oh. Los colores.
Esos que me abrazan en medio de la noche frente a la estación. Cuando veo a alguien muriendo y nadie le dice adiós. Huele a licor. Licor barato. Ese que te quema por dentro y te deja tirado un buen rato.
La policía llegó. No hay nadie que me explique que fue lo que exactamente sucedió.
Llamen a su familia. Hay un muerto en la esquina. Llamen a su esposa. Para que cuando lo entierren le llore y se olvide que la engaño con otra.
Llamen a sus hijos. Que aunque no lo conocieron, le lloraran como lloran los poemas a las 5:55.
No entiendo nada. La casa es morada. Alguien me observa y el cuerpo sigue siendo cuerpo. La gente no llega y las sirenas de la policía no dejan de sonar. Me aturde el sonido. Me quiero ahogar.
Se lo han llevado. No entiendo porque mis escritos se están poniendo cada vez más raros. Ya es natural. El efecto de la soledad.
Distorsión de la realidad. La vida comprende y el ser humano no entiende. Contradicción. Tracción. Amor sin perdón. No hay una canción mejor.
Tengo tiempo que no te escucho llorar. La evaporación de sentimientos te ha hecho adelgazar. Ama de verdad.
Adiós. Ya no hay rencor. Espero que seas feliz y que recuerdes que yo también lo fui.
No más.
Alguien ha muerto y no soy yo. Qué envidia. Qué emoción.
Adiós amor. Y esta vez. No más canciones. No más dolor.
Estarás mejor. Así como lo estuve yo.
Con razón. Y sin perdón.