Él a veces quiere escribirle y decirle que espera que esté bien. Que no responda, que sólo sepa que aún le sigue pensando. Que aunque las cosas cambiaron, los buenos deseos no lo han abandonado.
Él a veces quiere pedir perdón. Por el daño que hizo y el que jamás cometió. Pero la realidad es otra. Él sabe que no puede hacerlo. Que su hermano dijo que si lo intentaba podía ir hasta preso.
Es una historia un poco abstracta. Él no la entiende pero cree que cambiará cuando el teatro caiga. No es Romeo, tampoco Julieta. Nada tiene sentido y el sol aún no ha declarado la guerra.
Él a veces cree que nunca dejará de extrañarla. Quizá porque los buenos momentos aún le acompañan. Pero también se siente lastimado. Lo trataron como nunca antes lo habían tratado. Por ser incomprendido. Porque su lenguaje no era el mismo.
Yo también espero que él se mejore y que ella algún día le llame y le diga: gracias por las flores.
Yo también espero que ella esté bien. Y que se arrepienta de lo que algún día dijo sin ni siquiera conocer.
Pero todo a su tiempo. Mientras tanto, yo les continuo el cuento. Que no es mío. Que jamás lo será. Porque yo no soy nadie y ellos jamás lo sabrán.