Había despertado entre el humo y el olor a cerveza. En el piso de abajo alguien tocaba moon dance con una tristeza que me hacía arder la sangre que corría por mis venas. Me coloqué un suéter y dejé mis piernas libres y erizadas por el frío de la mañana, encendí un cigarrillo y miré por la ventana. Había alguien en la ventana del frente que me miraba fijamente, como si tuviese mucho rato esperando el hecho de que yo me asomara. Sonreí pero él seguía mirándome. Serio y prácticamente sin ningún movimiento. Luego de terminar el cigarrillo regresé a la cama que aún estaba desordenada. El gato había dejado sus pelos en todas partes y aún habían pétalos de las flores que alguna vez alguien me regaló y por alguna extraña razón allí terminaron. No es lo que están pensando, pero tampoco puedo demostrar lo contrario. Tomé una ducha caliente, me vestí y salí a caminar. Sin rumbo. Sin compañía. Y al regresar escribí unas cuantas letras vacías. Me encontré con el chico en el ascensor, me miro fijamente por fin sonrió.
- Hola señorita, ¿sabes quién soy yo?