Se levantó esa mañana fría y lluviosa de Abril con una sonrisa criminal entre los labios. Era el sueño que había tenido que la había inducido a despertar con una felicidad tan sofisticada. Creía que quedarse en casa debajo de las sábanas la iban a salvar de la maldad del mundo. Pero quería creer que había gente buena. Quería creer que podía existir alguien afuera que realmente valía la pena. Pero si era así, ¿qué tan lejos podía ir?
Tenía miedo. Era frágil. Sabía amar.
Créanme. La gente que sabe amar siempre sale jodida. Siempre. Pues las personas tienen tendencias de dañarles pues es un placer interno el ser la parte mala en una relación con alguien así. Es como que te quieren joder porque sí.
Quería saber si estaba dispuesta a ser feliz sin preocupaciones, pero es que ella era terca y llena de buenas ambiciones.