Había perdido los días nuevamente, había caído en ése vacío existencial que te impide respirar. Había notado cuán importante era el mundo y pasarla bien junto a gente que le hacía sentir completo. Él era un alma en pena buscándole sentido a lo sin sentido y ella no era más que la dueña de sus latidos.
Pero ahí estaba yo, otra vez, escribiendo sobre alguien cuya existencia no era real y las letras me abrazaban puesto que suplicaba reciprocidad. Que esa sed de sentirse querido era intermitente. Que ése amor que quería dar era fría y elocuente.
Me preguntó sí sabía que era quedarse, le contesté que no, pues nunca sabía ni quién realmente era yo.