Minutos después de haberme dejado anonadada por su belleza, se levanto y fue cuando comenzaron a unirse todas las piezas. Me preparó desayuno y ordenó los viejos cd's que habían estado por toda la habitación, algo me decía que había estado ebria y que ni siquiera recordaba quien era yo. No podía dejar de mirarle, era arte, pero lo curioso era que con cada palabra me hacía sentir en casa. Una casa extraña, una casa que me hacía olvidar de los días donde veía a gente sangrar.
Tocó su armónica y me pidió un beso en la mejilla, tomé sus manos y le prometí jamás herirle. No dijo nada, sólo me miro, entonces comprendí que era otro sueño, que era otro personaje que mi mente débil se había inventado. Ya no habían constelaciones, y mi habitación era gris, ya él no estaba y ya yo no seguía ahí.