sábado, febrero 18

Relato: paraíso; parte 1

Había tomado el primer autobús que me llevaría a ése pueblo que tanto me hizo amar la vida, en mis maletas había ropa como para cien días, y el dinero no me alcanzaba ni para seis, no me importó. El viaje fue largo y vi montarse y bajarse muchas personas, unas más amables que otras, analizaba cada movimiento que hacían, entendí una vez en que consiste ser humana, entendí que los pasan y las personas también se cansan de estar cansadas. La ansiedad no me dejó comer, y luego de un intenso viaje, por fin llegué. Tome un taxi y le pedí que me llevara a la posada más bonita que existía allí, y que al mismo tiempo fuese económica.
- Joven, no es por alardear, pero, aquí todo es bonito.
- Lo sé, pero estoy segura de que usted debe conocer un lugar que lo es más, que le haría cuestionar a cualquiera si es real.
El señor hizo una mueca dando a entender que estaba pensando, y en ése mismo instante unas nubes grises anunciaron que en algunos minutos podía llover.
- Te ves de ésas personas que sueñan, de las que ven magia en un cielo gris como éste. Mi mamá vivía en un lugar algo escondido de éste pueblo, los turistas lo llamaban el paraíso hecho cabaña, y déjame decirte, que no todos los conocían, sólo gente como tú, que venían hasta aquí a buscar algo más que les haga feliz.
Las palabras de aquél hombre me habían estremecido el corazón, había pasado mucho tiempo desde la última vez que alguien dijo algo así de mi, alguien que si me entendía.
- Gracias, pero, ¿aún está disponible?
- Claro, si usted desea podemos ir a buscar las llaves en mi casa y de ahí la llevo al lugar, si tiene miedo de mi, llame a quien quiera, puede darle mi nombre, mi cédula y el número de la placa del auto.
No pude evitar soltar una risita, no porque él creía que yo le tenía miedo, sino porque no tenía a nadie a quien avisarle, pero, no podía revelar que era una pobre muchacha sin ninguna persona a la que le importaba si estaría bien o mal.
- No se preocupe, confiaré en usted, además, me gustan mucho los asesinos en serie, así que, he aprendido mucho de ellos a la larga.
El se echo a reír a carcajadas como si lo que hubiese dicho fuese el chiste más gracioso del mundo. Condujo a su casa la cual me pareció sumamente grande y cómoda, incluso, me pareció que era una de ésas casas de gente millonaria, supuse que el trabajo de taxista allí le resultaba bien. Se bajo del auto y me hizo señas de que entrara con él. Al abrir la puerta noté que ya yo había estado ahí, no sé como, ni cuando, pero, lo hice.
-Bienvenida a mi casa, ¿quieres algo?
- No señor, gracias.
- Está bien, subiré por las llaves
Cuando la silueta del señor se desvaneció por las escaleras no pude contenerme y decidí caminar por la casa, y entonces ahí fue, ahí lo vi a él. Piel blanca como la nieve, altura perfecta para hacer sentir a cualquiera mucho más pequeño, cabello algo largo y ondulado, unos ojos café que dos segundos después en mi se posaron, me asusté, no sabía que decir, ni hacer.
-¿Hola? , preguntó.
- Ho...
- Jeremy, no sabía que estabas en casa...
El señor se apareció en el peor momento, moría de pena, quería huir.
- Si papá, Rose no me necesita más en la floristería hasta el jueves, las margaritas y los girasoles no llegan hasta ése día en la tarde.
- Increíble porque necesito que me hagas un favor.
- Dime
- ¿Puedes llevar a la señorita a la cabaña?
- Wow, ¿está en buenas condiciones para que alguien se quede allí?
- Sí, casualidad Marta fue ayer a limpiar. Susan me había llamado, dijo que pasó por allá y vio que estaba más sucia que el año pasado.
- Bueno, está bien, ¿tú qué harás?
- Había olvidado que tengo una cita con Susan a las 2:30 y son las 2:10
- Tú siempre llegando tarde, ve a ponerte la camisa que te regaló, éso te salvará de su sermón
Mientras ellos hablaban como si yo no estuviese ahí, silenciosamente ya me había ido al frente, allí la gente era muy rara, ellos, principalmente el señor, me hacía sentir como si ya me conociera... Él salió y bajé la mirada.
- Oye, ¿cuál es tu nombre?
- Soy Emma.
- Mucho gusto, soy Jeremy
- Eso escuché
- Cierto, y dime, ¿qué te trae por acá?
- Estoy de vacaciones
- ¿En abril?
- Bueno, de donde yo vengo las cosas son distintas
- Se nota
No quise continuar aquella conversación, ya físicamente me parecía un encanto, no quería saber nada de él, nada que hiciera que llamara más mi atención. Luego de 15 minutos de silencio, decidí romperlo...
- ¿Cuánto falta?
- 20 minutos, ¿desesperada?
- Algo así, he pasado todo el día en camino a algún lugar y cuando llegué aquí pensé que sería mi último destino, pero no, incluso, creo que estoy drogada, todo está muy lento.
Él se echo a reír como lo hizo su papá horas antes, entonces, entendí que ahí la gente tenía un sentido del humor muy lejos de la realidad. Yo no lo decía como un chiste, era más literal.
- Ustedes si son graciosas.
- ¿Ustedes?
- Sí, ustedes, las que vienen de otro lugar y no dicen cual, las que siempre vienen aquí en busca de paz.
Me sentí ofendida, así que decidí dejar de hablar.
- Oye, lo siento, no quería ofenderte con ése comentario, es que, supongo que papá no te lo dijo, acá llegan chicas y chicos como tú, todos con tendencias de ser escritores, buscan un lugar que les ayude a escribir un best seller y luego que papá les da el lugar, se van, escriben su maldito libro de mierda y ni siquiera le colocan el nombre de mi papá a algún maldito personaje. A él no le importa y lo sigue haciendo cada vez que puede, yo a veces lo ayudo, pero, otras veces simplemente deseo que nadie venga para acá.
Aquellas palabras y aquella manera brusca de decirlas  me dieron a entender que a él si le dolía, pero, yo no tenía idea de que eso sucedía, ni siquiera había llegado con la intención de escribir algo, no de ése tipo.
- Lo siento, pero, te equivocas de persona, vine acá en busca de cualquier lugar para tener paz, porque acá todo es bonito, pero tu papá me dijo que él conocía un lugar que lo era mucho más, y mi curiosidad estalló y accedí. Si quieres llévame de regreso al terminal, es mejor que busque otro lugar.
- ¡No! , lo siento yo, es que me tiene decepcionado lo que es la gente.
- Bienvenido a mi mundo.
- ¿De eso huyes?
- ¿A qué te refieres?
- Te han decepcionado y por eso has venido aquí. Quieres que éste lugar te arregle el corazón.
- Sí.
- Debió de ser un maldito de ésos que se ven buenos pero al final terminan siendo un demonio.
- El luce como lo que es. Creo que fue mi culpa por no quererlo ver.
- No seas tonta, nadie es culpable de que otra persona le engañe.
- Pero, yo sabía a lo que estaba expuesta
- De todas maneras, no te eches la culpa. ¿Crees en el karma?
- Sí.
- Pues, esa es la mejor parte.
- ¿A ti? , ¿te han roto el corazón?
- No, en éste pueblo no pasan ésas cosas.
- No lo creo, a todos les rompen el corazón por lo menos alguna vez cuando estás entre los 12 o 15.
- A mi no. Vi lo que mi mamá le hizo a mi papá, y desde ése día me prometí que nunca me fijaría en alguien más.
- Qué suerte. Espero algún día encuentres a alguien que te haga cambiar.