martes, febrero 7

Dejar de rimar.

Leer mis antiguos escritos me recuerdan a alguien que no estoy segura si fui, es raro, confieso. Y es triste saber que eso nunca será de nuevo. Que tierna es la inocencia, pero que vulnerable te hace ver desde lejos. Supongo que somos gracias a los malos momentos, o quizás sólo soy, pues aún guardo algo de lo que fui en ésos infinitos cuadernos.

Quiero dejar de rimar pero no puedo, quiero escribir bonito pero sin tener miedo. Me gustaría saber que lo que fui aún sigue en mi, y no precisamente porque lo leí por ahí. Mis manos me duelen porque no paro de escribir, mi corazón salta porque eso me hace feliz.

No quiero ser lo que fui porque realmente nunca vi. Me gustaría llenar mi habitación de hojas sueltas, poder dormir encima de ellas, poder caminar y no tener que cerrar las puertas.