sábado, febrero 18
Y eso es suficiente.
Muchas veces creemos que tenemos a las personas correctas en nuestras vidas, pero, ¿cuántas veces estamos en lo correcto? , creo particularmente que nunca me he sentido cómoda junto a las personas que no tienen alma, incluso, entre tanta multitud, he llegado a confundir, me he llegado a involucrar con éstas personas que sólo dejan cicatrices, pensamientos malos sobre el resto, conclusiones inexactas sobre lo qué es creer y lo que es cierto. Puedo decir que tengo a pocas personas buenas y que valen la pena conmigo, son intermitentes, y a pesar de eso, sé que me tienen presente. No importa lo que digas o hagas, es fácil ser engañada. He llegado a creer que involucrarme con esa gente no es tan malo, me hacen crecer, me hacen entender que soy mejor que ellos, que aunque no miento, puedo, que aunque no tengo, también puedo. Ya no hace falta demostrarle a los demás lo que puedo ser y hacer, ya yo lo sé, y eso es suficiente.
Relato: paraíso; parte 1
Había tomado el primer autobús que me llevaría a ése pueblo que tanto me hizo amar la vida, en mis maletas había ropa como para cien días, y el dinero no me alcanzaba ni para seis, no me importó. El viaje fue largo y vi montarse y bajarse muchas personas, unas más amables que otras, analizaba cada movimiento que hacían, entendí una vez en que consiste ser humana, entendí que los pasan y las personas también se cansan de estar cansadas. La ansiedad no me dejó comer, y luego de un intenso viaje, por fin llegué. Tome un taxi y le pedí que me llevara a la posada más bonita que existía allí, y que al mismo tiempo fuese económica.
- Joven, no es por alardear, pero, aquí todo es bonito.
- Lo sé, pero estoy segura de que usted debe conocer un lugar que lo es más, que le haría cuestionar a cualquiera si es real.
El señor hizo una mueca dando a entender que estaba pensando, y en ése mismo instante unas nubes grises anunciaron que en algunos minutos podía llover.
- Te ves de ésas personas que sueñan, de las que ven magia en un cielo gris como éste. Mi mamá vivía en un lugar algo escondido de éste pueblo, los turistas lo llamaban el paraíso hecho cabaña, y déjame decirte, que no todos los conocían, sólo gente como tú, que venían hasta aquí a buscar algo más que les haga feliz.
Las palabras de aquél hombre me habían estremecido el corazón, había pasado mucho tiempo desde la última vez que alguien dijo algo así de mi, alguien que si me entendía.
- Gracias, pero, ¿aún está disponible?
- Claro, si usted desea podemos ir a buscar las llaves en mi casa y de ahí la llevo al lugar, si tiene miedo de mi, llame a quien quiera, puede darle mi nombre, mi cédula y el número de la placa del auto.
No pude evitar soltar una risita, no porque él creía que yo le tenía miedo, sino porque no tenía a nadie a quien avisarle, pero, no podía revelar que era una pobre muchacha sin ninguna persona a la que le importaba si estaría bien o mal.
- No se preocupe, confiaré en usted, además, me gustan mucho los asesinos en serie, así que, he aprendido mucho de ellos a la larga.
El se echo a reír a carcajadas como si lo que hubiese dicho fuese el chiste más gracioso del mundo. Condujo a su casa la cual me pareció sumamente grande y cómoda, incluso, me pareció que era una de ésas casas de gente millonaria, supuse que el trabajo de taxista allí le resultaba bien. Se bajo del auto y me hizo señas de que entrara con él. Al abrir la puerta noté que ya yo había estado ahí, no sé como, ni cuando, pero, lo hice.
-Bienvenida a mi casa, ¿quieres algo?
- No señor, gracias.
- Está bien, subiré por las llaves
Cuando la silueta del señor se desvaneció por las escaleras no pude contenerme y decidí caminar por la casa, y entonces ahí fue, ahí lo vi a él. Piel blanca como la nieve, altura perfecta para hacer sentir a cualquiera mucho más pequeño, cabello algo largo y ondulado, unos ojos café que dos segundos después en mi se posaron, me asusté, no sabía que decir, ni hacer.
-¿Hola? , preguntó.
- Ho...
- Jeremy, no sabía que estabas en casa...
El señor se apareció en el peor momento, moría de pena, quería huir.
- Si papá, Rose no me necesita más en la floristería hasta el jueves, las margaritas y los girasoles no llegan hasta ése día en la tarde.
- Increíble porque necesito que me hagas un favor.
- Dime
- ¿Puedes llevar a la señorita a la cabaña?
- Wow, ¿está en buenas condiciones para que alguien se quede allí?
- Sí, casualidad Marta fue ayer a limpiar. Susan me había llamado, dijo que pasó por allá y vio que estaba más sucia que el año pasado.
- Bueno, está bien, ¿tú qué harás?
- Había olvidado que tengo una cita con Susan a las 2:30 y son las 2:10
- Tú siempre llegando tarde, ve a ponerte la camisa que te regaló, éso te salvará de su sermón
Mientras ellos hablaban como si yo no estuviese ahí, silenciosamente ya me había ido al frente, allí la gente era muy rara, ellos, principalmente el señor, me hacía sentir como si ya me conociera... Él salió y bajé la mirada.
- Oye, ¿cuál es tu nombre?
- Soy Emma.
- Mucho gusto, soy Jeremy
- Eso escuché
- Cierto, y dime, ¿qué te trae por acá?
- Estoy de vacaciones
- ¿En abril?
- Bueno, de donde yo vengo las cosas son distintas
- Se nota
No quise continuar aquella conversación, ya físicamente me parecía un encanto, no quería saber nada de él, nada que hiciera que llamara más mi atención. Luego de 15 minutos de silencio, decidí romperlo...
- ¿Cuánto falta?
- 20 minutos, ¿desesperada?
- Algo así, he pasado todo el día en camino a algún lugar y cuando llegué aquí pensé que sería mi último destino, pero no, incluso, creo que estoy drogada, todo está muy lento.
Él se echo a reír como lo hizo su papá horas antes, entonces, entendí que ahí la gente tenía un sentido del humor muy lejos de la realidad. Yo no lo decía como un chiste, era más literal.
- Ustedes si son graciosas.
- ¿Ustedes?
- Sí, ustedes, las que vienen de otro lugar y no dicen cual, las que siempre vienen aquí en busca de paz.
Me sentí ofendida, así que decidí dejar de hablar.
- Oye, lo siento, no quería ofenderte con ése comentario, es que, supongo que papá no te lo dijo, acá llegan chicas y chicos como tú, todos con tendencias de ser escritores, buscan un lugar que les ayude a escribir un best seller y luego que papá les da el lugar, se van, escriben su maldito libro de mierda y ni siquiera le colocan el nombre de mi papá a algún maldito personaje. A él no le importa y lo sigue haciendo cada vez que puede, yo a veces lo ayudo, pero, otras veces simplemente deseo que nadie venga para acá.
Aquellas palabras y aquella manera brusca de decirlas me dieron a entender que a él si le dolía, pero, yo no tenía idea de que eso sucedía, ni siquiera había llegado con la intención de escribir algo, no de ése tipo.
- Lo siento, pero, te equivocas de persona, vine acá en busca de cualquier lugar para tener paz, porque acá todo es bonito, pero tu papá me dijo que él conocía un lugar que lo era mucho más, y mi curiosidad estalló y accedí. Si quieres llévame de regreso al terminal, es mejor que busque otro lugar.
- ¡No! , lo siento yo, es que me tiene decepcionado lo que es la gente.
- Bienvenido a mi mundo.
- ¿De eso huyes?
- ¿A qué te refieres?
- Te han decepcionado y por eso has venido aquí. Quieres que éste lugar te arregle el corazón.
- Sí.
- Debió de ser un maldito de ésos que se ven buenos pero al final terminan siendo un demonio.
- El luce como lo que es. Creo que fue mi culpa por no quererlo ver.
- No seas tonta, nadie es culpable de que otra persona le engañe.
- Pero, yo sabía a lo que estaba expuesta
- De todas maneras, no te eches la culpa. ¿Crees en el karma?
- Sí.
- Pues, esa es la mejor parte.
- ¿A ti? , ¿te han roto el corazón?
- No, en éste pueblo no pasan ésas cosas.
- No lo creo, a todos les rompen el corazón por lo menos alguna vez cuando estás entre los 12 o 15.
- A mi no. Vi lo que mi mamá le hizo a mi papá, y desde ése día me prometí que nunca me fijaría en alguien más.
- Qué suerte. Espero algún día encuentres a alguien que te haga cambiar.
- Joven, no es por alardear, pero, aquí todo es bonito.
- Lo sé, pero estoy segura de que usted debe conocer un lugar que lo es más, que le haría cuestionar a cualquiera si es real.
El señor hizo una mueca dando a entender que estaba pensando, y en ése mismo instante unas nubes grises anunciaron que en algunos minutos podía llover.
- Te ves de ésas personas que sueñan, de las que ven magia en un cielo gris como éste. Mi mamá vivía en un lugar algo escondido de éste pueblo, los turistas lo llamaban el paraíso hecho cabaña, y déjame decirte, que no todos los conocían, sólo gente como tú, que venían hasta aquí a buscar algo más que les haga feliz.
Las palabras de aquél hombre me habían estremecido el corazón, había pasado mucho tiempo desde la última vez que alguien dijo algo así de mi, alguien que si me entendía.
- Gracias, pero, ¿aún está disponible?
- Claro, si usted desea podemos ir a buscar las llaves en mi casa y de ahí la llevo al lugar, si tiene miedo de mi, llame a quien quiera, puede darle mi nombre, mi cédula y el número de la placa del auto.
No pude evitar soltar una risita, no porque él creía que yo le tenía miedo, sino porque no tenía a nadie a quien avisarle, pero, no podía revelar que era una pobre muchacha sin ninguna persona a la que le importaba si estaría bien o mal.
- No se preocupe, confiaré en usted, además, me gustan mucho los asesinos en serie, así que, he aprendido mucho de ellos a la larga.
El se echo a reír a carcajadas como si lo que hubiese dicho fuese el chiste más gracioso del mundo. Condujo a su casa la cual me pareció sumamente grande y cómoda, incluso, me pareció que era una de ésas casas de gente millonaria, supuse que el trabajo de taxista allí le resultaba bien. Se bajo del auto y me hizo señas de que entrara con él. Al abrir la puerta noté que ya yo había estado ahí, no sé como, ni cuando, pero, lo hice.
-Bienvenida a mi casa, ¿quieres algo?
- No señor, gracias.
- Está bien, subiré por las llaves
Cuando la silueta del señor se desvaneció por las escaleras no pude contenerme y decidí caminar por la casa, y entonces ahí fue, ahí lo vi a él. Piel blanca como la nieve, altura perfecta para hacer sentir a cualquiera mucho más pequeño, cabello algo largo y ondulado, unos ojos café que dos segundos después en mi se posaron, me asusté, no sabía que decir, ni hacer.
-¿Hola? , preguntó.
- Ho...
- Jeremy, no sabía que estabas en casa...
El señor se apareció en el peor momento, moría de pena, quería huir.
- Si papá, Rose no me necesita más en la floristería hasta el jueves, las margaritas y los girasoles no llegan hasta ése día en la tarde.
- Increíble porque necesito que me hagas un favor.
- Dime
- ¿Puedes llevar a la señorita a la cabaña?
- Wow, ¿está en buenas condiciones para que alguien se quede allí?
- Sí, casualidad Marta fue ayer a limpiar. Susan me había llamado, dijo que pasó por allá y vio que estaba más sucia que el año pasado.
- Bueno, está bien, ¿tú qué harás?
- Había olvidado que tengo una cita con Susan a las 2:30 y son las 2:10
- Tú siempre llegando tarde, ve a ponerte la camisa que te regaló, éso te salvará de su sermón
Mientras ellos hablaban como si yo no estuviese ahí, silenciosamente ya me había ido al frente, allí la gente era muy rara, ellos, principalmente el señor, me hacía sentir como si ya me conociera... Él salió y bajé la mirada.
- Oye, ¿cuál es tu nombre?
- Soy Emma.
- Mucho gusto, soy Jeremy
- Eso escuché
- Cierto, y dime, ¿qué te trae por acá?
- Estoy de vacaciones
- ¿En abril?
- Bueno, de donde yo vengo las cosas son distintas
- Se nota
No quise continuar aquella conversación, ya físicamente me parecía un encanto, no quería saber nada de él, nada que hiciera que llamara más mi atención. Luego de 15 minutos de silencio, decidí romperlo...
- ¿Cuánto falta?
- 20 minutos, ¿desesperada?
- Algo así, he pasado todo el día en camino a algún lugar y cuando llegué aquí pensé que sería mi último destino, pero no, incluso, creo que estoy drogada, todo está muy lento.
Él se echo a reír como lo hizo su papá horas antes, entonces, entendí que ahí la gente tenía un sentido del humor muy lejos de la realidad. Yo no lo decía como un chiste, era más literal.
- Ustedes si son graciosas.
- ¿Ustedes?
- Sí, ustedes, las que vienen de otro lugar y no dicen cual, las que siempre vienen aquí en busca de paz.
Me sentí ofendida, así que decidí dejar de hablar.
- Oye, lo siento, no quería ofenderte con ése comentario, es que, supongo que papá no te lo dijo, acá llegan chicas y chicos como tú, todos con tendencias de ser escritores, buscan un lugar que les ayude a escribir un best seller y luego que papá les da el lugar, se van, escriben su maldito libro de mierda y ni siquiera le colocan el nombre de mi papá a algún maldito personaje. A él no le importa y lo sigue haciendo cada vez que puede, yo a veces lo ayudo, pero, otras veces simplemente deseo que nadie venga para acá.
Aquellas palabras y aquella manera brusca de decirlas me dieron a entender que a él si le dolía, pero, yo no tenía idea de que eso sucedía, ni siquiera había llegado con la intención de escribir algo, no de ése tipo.
- Lo siento, pero, te equivocas de persona, vine acá en busca de cualquier lugar para tener paz, porque acá todo es bonito, pero tu papá me dijo que él conocía un lugar que lo era mucho más, y mi curiosidad estalló y accedí. Si quieres llévame de regreso al terminal, es mejor que busque otro lugar.
- ¡No! , lo siento yo, es que me tiene decepcionado lo que es la gente.
- Bienvenido a mi mundo.
- ¿De eso huyes?
- ¿A qué te refieres?
- Te han decepcionado y por eso has venido aquí. Quieres que éste lugar te arregle el corazón.
- Sí.
- Debió de ser un maldito de ésos que se ven buenos pero al final terminan siendo un demonio.
- El luce como lo que es. Creo que fue mi culpa por no quererlo ver.
- No seas tonta, nadie es culpable de que otra persona le engañe.
- Pero, yo sabía a lo que estaba expuesta
- De todas maneras, no te eches la culpa. ¿Crees en el karma?
- Sí.
- Pues, esa es la mejor parte.
- ¿A ti? , ¿te han roto el corazón?
- No, en éste pueblo no pasan ésas cosas.
- No lo creo, a todos les rompen el corazón por lo menos alguna vez cuando estás entre los 12 o 15.
- A mi no. Vi lo que mi mamá le hizo a mi papá, y desde ése día me prometí que nunca me fijaría en alguien más.
- Qué suerte. Espero algún día encuentres a alguien que te haga cambiar.
Fugaz.
Soy de las que guardan todo; una moneda, una carta, una fotografía vieja con algún escrito en la parte de atrás, una servilleta con la silueta de una taza que se llenó de café, un billete que existió, una canción que nunca nadie escuchó. Soy de las que le dan valor a las cosas; un boleto, un libro viejo, un dibujo que alguien regaló, un cd rayado que para alguien significó amor. Soy de las que sienten que guardar todo le da vida, le da ganas de ver que el mundo es distinto y no precisamente porque lo dicen en una plaza en Argentina. Creo que tengo tantas cosas que me dicen algo de un pasado que no recuerdo con exactitud, que cuando me vaya, dejare que mi alma se quede y poco a poco me lleve lo que deje. No sé si me entiendes. No sé si me lees, pero, soy de las que guardan todo y le dan sentido y valor a las cosas, a ésas pequeñas cosas que están ahí, esperando por ti, por mi, por todos. Es que si, hay demasiada belleza en el mundo como para no prestarle atención, como para dejarle ir, eso hazlo con las personas, no es tan malo estar solo cuando posees cosas que te hacen sentir como una estrella fugaz a punto de ser quien quiere ser. Un paraíso, tal vez, un mundo pequeño, puede ser...
sábado, febrero 11
Renuncio.
Hoy renuncio a lo que alguna vez escribí sobre ti, realmente siento asco y creo que eres el más grande error que cometí. No merecías ni la mitad de lo que di. No mereces volver a ser feliz. No estoy llena de odio, estoy llena de asco porque eres como el resto, de ésos seres de los que vivo huyendo. No quiero existir donde tú existes, no quiero vivir aquí si tú aún vives. No sé si estoy escribiendo algo inmaduro, sólo sé que los demás me causan colapsos prematuros. Estoy cansada de éste lugar, estoy cansada de ser suficiente y fracasar. Odio la universidad, odio estoy estudiar algo que realmente no me llena ni la mitad. Estoy reaccionando, soy un ser increíble viviendo en un mundo que sólo lo que le rodea genera ansiedad. No quiero vivir más de éste lugar. Quiero estar sola y triunfar.
martes, febrero 7
Subasto.
Subasto esperanzas que no son mías porque me adueño de lo que quiero y creo defectos que en mi no veo. No sé quién se las llevará pero espero y logren hacer mucho más.
Subasto canciones que no he escuchado porque el hacerlo me generaría un apego, de ésos que siento cuando conozco a seres perfectos.
Subasto mis miedos porque es lo que tengo y no quiero.
Subasto mis ganas de morir, para quien realmente no quiera existir.
Subasto lo que eres porque sé que alguien podrá reparar lo que sientes.
Subasto canciones que no he escuchado porque el hacerlo me generaría un apego, de ésos que siento cuando conozco a seres perfectos.
Subasto mis miedos porque es lo que tengo y no quiero.
Subasto mis ganas de morir, para quien realmente no quiera existir.
Subasto lo que eres porque sé que alguien podrá reparar lo que sientes.
No tiene nombre, pero tiene alma.
Bienvenidos a la galaxia muy, muy, muy cercana, no tiene nombre, pero tiene alma. Sabe de Dioses y de arte, sabe de que canciones y de paisajes. Un día la vi llorar pero era sólo un simulacro pues ella nunca está mal. Crece a través de las sonrisas, y si hay un día gris ella misma se anima. Le gustan las flores y los días fríos, odia al verano y los ronquidos. No sabe mentir pero creo que al decirme eso ya lo estaba haciendo. Sabe buenas historias, sabe detener el tiempo y guardar tus recuerdos. Creo que le hace feliz verme reír, pues siempre que lo hago me llena los brazos de colores extraños.
Dejar de rimar.
Leer mis antiguos escritos me recuerdan a alguien que no estoy segura si fui, es raro, confieso. Y es triste saber que eso nunca será de nuevo. Que tierna es la inocencia, pero que vulnerable te hace ver desde lejos. Supongo que somos gracias a los malos momentos, o quizás sólo soy, pues aún guardo algo de lo que fui en ésos infinitos cuadernos.
Quiero dejar de rimar pero no puedo, quiero escribir bonito pero sin tener miedo. Me gustaría saber que lo que fui aún sigue en mi, y no precisamente porque lo leí por ahí. Mis manos me duelen porque no paro de escribir, mi corazón salta porque eso me hace feliz.
No quiero ser lo que fui porque realmente nunca vi. Me gustaría llenar mi habitación de hojas sueltas, poder dormir encima de ellas, poder caminar y no tener que cerrar las puertas.
Quiero dejar de rimar pero no puedo, quiero escribir bonito pero sin tener miedo. Me gustaría saber que lo que fui aún sigue en mi, y no precisamente porque lo leí por ahí. Mis manos me duelen porque no paro de escribir, mi corazón salta porque eso me hace feliz.
No quiero ser lo que fui porque realmente nunca vi. Me gustaría llenar mi habitación de hojas sueltas, poder dormir encima de ellas, poder caminar y no tener que cerrar las puertas.
Perfección.
Vivimos en ése ir apasionado en busca de la perfección, y en ése ir, también la nuestra, olvidando que somos seres perfectos por excelencia, que nuestros pequeños detalles nos convierten en personajes grandes. Lo que es bonito y perfecto para mi no tiene nombre, físico o algún gesto típico. Me gusta lo extraño, lo que todo el mundo ignora. Lo que siempre tiene algo que decir. Lo que sabe qué es la pasión y el vivir por ser feliz.
Lo soñé.
Me he vuelto a obsesionar con alguien que no existe. Ya no es sólo lo que pienso, sino como lo expreso. Es él, el sin palabras, el que me deja notas y la comida en la cama. No sucedió nada la noche anterior, él sólo llegó y ni siquiera durmió. Nunca puedo verle porque creo que estoy soñando, y si abro los ojos, terminaré olvidando.
Quiero saber si piensa mi y el porqué siempre viene aquí. Quizás ya le conocí antes, quizás es él quien espera que yo le ame. No lo sé. Es perfecto, ya lo escribí ayer. Es perfecto porque sabe, es perfecto porque nunca estuvo con alguien. Soy tan vacía pero tan completa a la vez, soy yo quien espera por él.
Necesito más de sus cartas, leerlas me causa una extraña felicidad, es como si él leyera mi mente y escribiera lo que yo quiero leer. Quizás también lo soñé. A veces creo que nunca estoy despierta, por ejemplo; ahora. Porque no sé ni lo que siento. No sé si estoy o estoy fingiendo.
Desvelo.
Otra noche más me desvelo, otra noche más siento que me pierdo. Letras y canciones que ya viví, personas y situaciones de las que siempre huí. Quiero querer y tener a alguien. Quiero cuidar y besar como si nada pudiese empeorar. Lo que escribo es tan mío como lo que alguien siente por otra persona. Lo que escribo es tan mío como lo eras tú y como lo eras para otra. Lo que escribo es tan mío que cualquiera no podría darle sentido.
lunes, febrero 6
Verano.
Me gustan las conversaciones largas sobre leyendas o historias sobre personas destrozadas, me gustan los días nublados, encender cigarros, caminar de la mano. Me gusta cocinarle a las personas, me gusta mirar a través de las ventanas mientras alguien no me ve. Me gusta encerrarme en mi habitación y escribir. Me gusta imaginar que todo es distinto, que viajo por el mundo, que creo otros rumbos. Me gustan los sábados de cervezas, y los domingos de películas, Me gustan los abrazos largos y los besos lentos y apasionados. Me gusta llorar por las películas, me gusta tener frío y fingir que nada me asusta, Me gusta superar mis miedos, me gusta creer que puedo cumplir todos los retos. Me gusta el negro, el blanco y el gris, el café de las mañanas, las visitas inesperadas. Me gusta ser y dejar que sean, me gusta convertirme en un ser completo y con muchos sueños. Me gusta pertenecer y permanecer, me gusta ayudar y también amar. Me gusta creer que existe alguien para mi, alguien que nunca me hará sufrir. Me gusta la primavera, el otoño y el invierno, aunque vivo en verano, las esperanzas no las pierdo.
No existes.
Era un día de Febrero y mi pelo era el que se movía al ritmo de sus dedos, los pétalos danzaban en el ir y venir del viento, el café quemaba nuestros labios y al mismo instante me encontraba sola en su pequeño espacio. Era romántico ver como el humo llenaba mi habitación unos minutos después. Se había sentado en mi cama y no había dicho ni una palabra. Mi suspiro lo alertó y enseguida su mirada en mi se posó, No era de ésas personas que hablan demasiado, era de ésas personas que con sólo mirarte te hacían sentir en Marte,
Continúe mirándole, preguntándome si era real. Ya estoy cansada de escribir sobre alguien que no existe. No sé si cansada signifique algo bueno, o algo malo. La cosa es que me quedé ahí, porque una vez más me mentí, una vez más creí que poseía a alguien, y que era de ese mismo ser. No existes, basta de entrar en mi mente, necesito realidad, necesito abrazar, besar, y quizás amar, pero que sea real, que pueda sentir sus labios sobre mi espalda, que pueda llamarle a las tres de la mañana, por ebriedad, tristeza o soledad.
Tregua temporal.
En mi mente todo es una aventura, es un ir y venir, querer y olvidar, amar y al mismo tiempo odiar. No me gusta estar en un mismo lugar, soy impaciente, soy flores, arco iris, y caras sonrientes, pero, también soy tristeza, caos, y dolores de cabeza.
Nunca estoy donde me ves porque en mi mente aún es ayer. El ayer que me recuerda al futuro, al ayer que me inventé y quise repetir una y otra vez. No tengo quietud, pero al mismo tiempo tengo paz, al mismo tiempo me mienten y me dicen -tranquila, todo mejorará-.
Estoy viajando a lugares que me generan felicidad, estoy alejándome de personas que jamás debí encontrar, así va la vida, en un ir y venir, en un dejar y estar, pero, me siento estupenda, tanto que me apena, tanto que me causa miedo, quizás sólo sea una tregua temporal, y mañana vuelva a estar mal.
Terapia.
Él era verano pero se complementaba con mi invierno, él era magia, arte, caos, amor... Él era todo y era nada. Era parte de mi imaginación, pues fui yo quien lo inventó. Me encuentro nuevamente frente al ordenador escribiendo letras para un ser que jamás existió, creo que no existes porque eres demasiado perfecto. Nadie quiere de esto, nadie quiere vivir en mis utopías, o quizás si, pero no son mi complemento, no quiero volver a intentarlo si no estoy segura de lo que quiero.
Me gusta la idea de que no seas real, así me evito las cicatrices, así me evito querer protegerte y terminar aburriéndote. Que no me considero un ser vacío, quizás de sentimientos pero no de momentos. EDEN y sus canciones me hacen alucinar, que estás, que no te vas, que a pesar de mis delirios siempre te quedarás.
Mi arte es inventarte, y tu arte es no existir, después de todo, sé que me equivocaré de nuevo, pues de eso se trata esto, escribir lo que no es cierto, por placer personal, por terapia para la inestabilidad.
Me gusta la idea de que no seas real, así me evito las cicatrices, así me evito querer protegerte y terminar aburriéndote. Que no me considero un ser vacío, quizás de sentimientos pero no de momentos. EDEN y sus canciones me hacen alucinar, que estás, que no te vas, que a pesar de mis delirios siempre te quedarás.
Mi arte es inventarte, y tu arte es no existir, después de todo, sé que me equivocaré de nuevo, pues de eso se trata esto, escribir lo que no es cierto, por placer personal, por terapia para la inestabilidad.
Quiero irme.
Quiero irme, pero quiero irme con todas mis letras, ésas que tengo por ahí plasmadas en hojas sueltas. Te sorprendería saber cuantas veces escribí, te sorprendería saber cuantas veces intente mentir. Soy buena escribiendo, y mala mintiendo. Soy buena entendiendo, y también huyendo.
He herido sin querer, con querer y con un alto nivel de culpa, pero al final, no me importa, pues creo en el karma, y de mi se ha burlado incluso cuando le suplico que basta. Quiero irme y dejar mis errores, quiero ser otra, quiero que me regalen flores.
El cuerpo cambia, la mente también, pero, a veces simplemente no somos el mismo ser. Me siento como Amélie, voy a cambiar sus vidas. No me creo superior, pues lo soy, pero algo es creer, y otra cosa muy distinta es hacerlo saber, sí, con ansias, yo no voy por ahí diciendo que soy lo mejor que existe, yo lo guardo para mis miedos y mis días tristes.
Sin embargo, insisto, quiero irme, quiero llevarme todos mis libros, ésos que leí, ésos que no sé si siguen ahí, pero quiero. Quiero tantas cosas y conseguirlas es un reto. Quiero liberarme y estar en otro cuerpo.
Soy tristeza, y soy invierno. Quiero irme, y terminar éste juego. Yo nunca debí estar aquí, o quizás sí, pues aprendí.
He herido sin querer, con querer y con un alto nivel de culpa, pero al final, no me importa, pues creo en el karma, y de mi se ha burlado incluso cuando le suplico que basta. Quiero irme y dejar mis errores, quiero ser otra, quiero que me regalen flores.
El cuerpo cambia, la mente también, pero, a veces simplemente no somos el mismo ser. Me siento como Amélie, voy a cambiar sus vidas. No me creo superior, pues lo soy, pero algo es creer, y otra cosa muy distinta es hacerlo saber, sí, con ansias, yo no voy por ahí diciendo que soy lo mejor que existe, yo lo guardo para mis miedos y mis días tristes.
Sin embargo, insisto, quiero irme, quiero llevarme todos mis libros, ésos que leí, ésos que no sé si siguen ahí, pero quiero. Quiero tantas cosas y conseguirlas es un reto. Quiero liberarme y estar en otro cuerpo.
Soy tristeza, y soy invierno. Quiero irme, y terminar éste juego. Yo nunca debí estar aquí, o quizás sí, pues aprendí.
Sueños y personajes.
Paisajes irreales y una camisa rota tirada en el piso, una guitarra desafinada, una canción sin nombre al despertar y ver su cara. Nunca había visto a alguien tan perfecto, creo que sólo en los cuentos. Su cabello despeinado y sus lunares hacían constelaciones por todo su cuerpo, que bonito era verle dormir, que bonito era despertar y saber que había alguien allí. -No tengas miedo, no me iré- , fueron las bellas palabras de aquél hermoso ser.
Minutos después de haberme dejado anonadada por su belleza, se levanto y fue cuando comenzaron a unirse todas las piezas. Me preparó desayuno y ordenó los viejos cd's que habían estado por toda la habitación, algo me decía que había estado ebria y que ni siquiera recordaba quien era yo. No podía dejar de mirarle, era arte, pero lo curioso era que con cada palabra me hacía sentir en casa. Una casa extraña, una casa que me hacía olvidar de los días donde veía a gente sangrar.
Tocó su armónica y me pidió un beso en la mejilla, tomé sus manos y le prometí jamás herirle. No dijo nada, sólo me miro, entonces comprendí que era otro sueño, que era otro personaje que mi mente débil se había inventado. Ya no habían constelaciones, y mi habitación era gris, ya él no estaba y ya yo no seguía ahí.
Necesito tiempo.
A veces quisiera tener el poder de entender mis sueños, ya que en ellos vivo situaciones que me alejan o me crean más complejos, no sé, a veces tampoco me entiendo. He sido poesía y al mismo tiempo letras vacías, hoy me siento en mi mejor momento, con preocupaciones reales, con decisiones que cambiaran mi vida, creo que ahora si podré encontrar una salida. Odio los momentos en los que me estanco, en los que no creo, en los que no me quiero. Hoy no es así. Hoy soy perfecta y sumamente feliz. Ésos intervalos de decepciones, ésas delgadas líneas de sin sabores, son los que me han hecho reaccionar. Soy creyente que ésta es una cruda realidad. No hay porque sentirse solo, el mundo está lleno de corazones fieles y de corazones rotos. Entre el frío y el café, me quedo con ellos y conmigo a la vez. Soy mi mejor versión, soy la mejor mierda de éste puto mundo cuando creo que siempre seré primero yo. Amo la vida que no tengo porque sé que la tendré. Estoy comenzando a creer en los finales felices, aunque hayan piedras en el camino. Seré el arte que no esperan, seré la canción que nadie supera, sólo necesito tiempo para florecer, para ser más, para crecer.
domingo, febrero 5
Creo que...
La soledad no me olvida y es ella quien me espera, la soledad no me abandona y es ella la que me arropa. Los días ya no son días, y ni siquiera sé en que me convertí. Las noches ya no son noches y ya no sé que hago aquí. Es febrero, marzo o abril, quizás nací pero me perdí. Quiero aprender a ser mejor, a escribir como un Dios, Quiero recuperar la inocencia, quiero verme real y no confundida. El karma me ha dejado destrozada. Es un huracán y ni siquiera puedo colocarle un nombre. Creo que me quedé dormida de nuevo, creo que estoy escribiendo el mismo cuento.
Aún conservo.
No sé de tus miradas profundas y tus mentiras tan perfectamente formuladas que me hacían creer que todo era real. No sé de los días compartidos, no sé de los sentimientos no fingidos, no sé nada que tenga que ver contigo, no sé si me extrañas y soy el motivo de tus días no vividos. No te pienso pero lo hago, no te extraño pero lo trato. Creo que el fin estuvo siempre aquí. Creo que perdí el tiempo como lo solía hacer ésas veces que pensé que eras lo mejor que me podía suceder. Ya no quiero más de éstas letras, se supone que te has ido y has cerrado todas las puertas. Sólo quiero que sepas que si llegas a estar por ahí, mírame, yo aún suelo conservar las cosas buenas que me quisiste mostrar.
¿Quién?
No sé si estoy tomando las decisiones correctas, no sé si ya perdí la cuenta o sólo son ideas compuestas. Quiero despertar con amnesia y creer que lo que viví sólo fue un recuerdo que no es mío, no sé si me explico, no sé si me entiendes. A veces me creo capaz de todo, y otras simplemente creo que no puedo conseguir nada. Me amo nuevamente y es gracias a lo que perdí. Que manera tan extraña para conseguir ser feliz. Aunque tengo miedo, realmente lo tengo. Creo que esto tampoco es real, creo que al final terminaré vacía y ahogada en mi propio mar. ¿Quién podrá salvarme?
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