Yo también estoy medio fuera de éste mundo, y aunque no habito la luna con frenesí desde que llegué me quiero ir. Mis huesos ya no son huesos y mis manos ya no son manos. Sólo soy carne. Vacía y a la vez más vacía. Escribo una madrugada oscura y fría sobre lo que alguna vez creí ver o lo que alguna vez dije que sentía. Necesito un abrazo abismal. Necesito un café y tinta, para escribir hasta que el sol salga y se vuelva a ocultar. Esto no significa que no pueda estar. En mi hora más sola, recurro a éstos cuadernos, y en mis noches más acompañada, huyo lejos de casa. Amo la soledad porque ella nunca me abandona. Me habla y en ocasiones también me arropa. No quiero más de éste mundo. No quiero más de ésta necedad. Dormiré ahora, pero mañana nos volvemos a encontrar.