No hay quien ocupe el lado vacío de la cama, que me abrace y me haga mantener la calma. No hay quien camine y tome mi mano, que me acompañe y evite que me haga daño. No hay quien me necesite y que por mi pelee, quien me bese y también me enseñe, y aunque no hay un quien, que haga que, prefiero seguir de pie y creer que, no importa que tan solitarios sean nuestros días, siempre hay alguien que traerá alegría.