Nunca había golpeado a alguien tan fuerte como lo hice esa noche, mis manos estaban mojadas pues llovía como si no hubiese un mañana pero aún así podía ver la sangre. Yo sabía que le dolía, lo podía ver reflejado en mis manos y en sus ojos llenos de lágrimas preguntándose, ¿Por qué? , mis manos temblaban del dolor, era una sensación que me hacía sentir mejor que un beso, que un abrazo, que un te amo. Por un momento había olvidado lo que eso se sentía, ahora lo había despertado, y me encantaba tanto como el café y la lluvia mojando mi ventana.