Había una carta sobre la cama cuando desperté ese día lluvioso de Marzo. Esperé unos segundos para abrirla. No me sentía preparada, pero lo hice. La abrí. La leí.
- Querida Rose, gracias por ésos pequeños, pero gratos momentos. Me sentía infinito. Me sentía infinito a tu lado. Tus sonrisas eran mi calma en ésas tormentas que en las noches te mantenían fría y en mis brazos. Siempre me voy a preguntar por qué me elegiste a mi. Nunca te di nada. Nunca te hice realmente feliz. Si estás leyendo esto es porque ya no estoy ahí. No llores. Deseo que crezcas y puedas huir de aquí. Éste lugar no es bueno. Éste lugar siempre te llevará a mi. No sé cuánto tiempo más podrás quererme. Te lo agradezco, pero eso para mi ya no es suficiente. Realmente decidí irme porque no es amor lo que necesito. Necesito del mundo, y sus colores. Necesito de la vida y sus lecciones. Sólo espero que no me odies. Gracias nuevamente. Y recuerda que algún día, tus cicatrices serán flores.
Han pasado siete meses desde aquél entonces, nunca más supe de él. Nunca le escribí. Nunca más volví a insistir. Él me había dejado como quien deja a su familia para buscar sus sueños. Él me había dejado como quien huye del recuerdo. Estoy segura de que nunca me entendió. Estoy segura de que su cabello largo y sus pantalones viejos seguirán en mi memoria. Estoy segura de que cuando llame, no contestaré yo, sino, otra.
Me encuentro frente al ordenador, ¿Quién es Rose?, ¿Quién diablos soy yo? , siempre me hago preguntas, siempre me invento historias porque no hay nadie más que yo que las devora y disfruta. No hay un quién, no hay un qué. Sólo soy, ¿y tú? , ¿eres él?