viernes, abril 14

Algún día tus cicatrices serán flores.

Había una carta sobre la cama cuando desperté ese día lluvioso de Marzo. Esperé unos segundos para abrirla. No me sentía preparada, pero lo hice. La abrí. La leí.

- Querida Rose, gracias por ésos pequeños, pero gratos momentos. Me sentía infinito. Me sentía infinito a tu lado. Tus sonrisas eran mi calma en ésas tormentas que en las noches te mantenían fría y en mis brazos. Siempre me voy a preguntar por qué me elegiste a mi. Nunca te di nada. Nunca te hice realmente feliz. Si estás leyendo esto es porque ya no estoy ahí. No llores. Deseo que crezcas y puedas huir de aquí. Éste lugar no es bueno. Éste lugar siempre te llevará a mi. No sé cuánto tiempo más podrás quererme. Te lo agradezco, pero eso para mi ya no es suficiente. Realmente decidí irme porque no es amor lo que necesito. Necesito del mundo, y sus colores. Necesito de la vida y sus lecciones. Sólo espero que no me odies. Gracias nuevamente. Y recuerda que algún día, tus cicatrices serán flores.

Han pasado siete meses desde aquél entonces, nunca más supe de él. Nunca le escribí. Nunca más volví a insistir. Él me había dejado como quien deja a su familia para buscar sus sueños. Él me había dejado como quien huye del recuerdo. Estoy segura de que nunca me entendió. Estoy segura de que su cabello largo y sus pantalones viejos seguirán en mi memoria. Estoy segura de que cuando llame, no contestaré yo, sino, otra.

Me encuentro frente al ordenador, ¿Quién es Rose?, ¿Quién diablos soy yo? , siempre me hago preguntas, siempre me invento historias porque no hay nadie más que yo que las devora y disfruta. No hay un quién, no hay un qué. Sólo soy, ¿y tú? , ¿eres él?