¡Dios mío! , como no pude dejar de escribir acerca de aquella noche de agosto donde mi piel estaba erizada a raíz de las majestuosas conversaciones que tenía con unos cuantos desconocidos, me sentí feliz, me sentí llena, había una pareja que sólo hacía preguntas mientras aquella chica cuyo nombre pasará desapercibido y mi persona respondían a todo dar, era magia, era el placer de la reciprocidad, me sentía tan especial al escuchar como me decían con todo su corazón: me encanta como piensas, tú si que eres especial, y ni siquiera era en plan de ligar, gracias, aunque no me lean, gracias por hacerme sentir especial una noche llena de alcohol y humo que se mezclaba con la lluvia fría, me sentía infinita, me sentía como en una de mis películas favoritas, Darling, lo hiciste bien.