Día a día nos engañamos a nosotros mismos haciéndonos creer que podemos estar mejor, pero la realidad es que no podemos estar mejor, ni peor. Sino en una balanza. Yo había llegado a pensar que todo podía cambiar, que un poco de optimismo ayudaría, pero no resultó. Y aquí estoy, en el mismo lugar donde había comenzado, ese estado de ánimo que nos acecha y nos come la cabeza, sólo puedo decir que me siento más vacía que antes.