Recuerdo esas tardes en la casa del abuelo, parecía una escena de stand by me
Ruth y yo jugando con los niños que vivían al lado, el patio trasero parecía un bosque encantando, siempre era un placer jugar allí. El cuarto misterioso de tío Miguel, al cual no podíamos entrar. Entre el calor de un día cualquiera y el cuarto del abuelo con tantas curiosidades por ver, parecía una película, parecía otra vida cuando él existía, ojalá nunca haberte perdido... Estoy segura de que yo no estaría aquí