Me había mirado en un espejo cuyo reflejo era la vía láctea. Tenía miedo. Yo siempre tenía miedo. Pensar en el futuro sólo causa eso. Creía que no sería suficiente para alguien más, me preocupa el hecho de nunca aprender a amar. Al final, descubrí que ahí, era suficientemente buena, y nunca más volví a preocuparme por ello. Lo peor vino luego. No me sentía cómoda, ni suficiente para hacer algo por mi misma, y eso era el algo que todo el mundo creía. Familiares, amigos, personas que me veían por ahí, no me encontraban algún sentido. Intenté no buscar culpables, pues, ya había uno. Era yo.
Habían días tristes en los que creía que la solución era morir. Qué les puedo decir. Si no sirves para nada, ¿para que seguir aquí? , no sé si era cobarde o aún tenía esperanzas. Sólo sé que me quedé y entendí lo que quería para mi, sólo que estaba muy lejos de lograrlo. Leía a raudales como cuando era mucho más joven. Me la pasaba imaginando como siempre hacía. Huyendo. Viviendo una utopía.