domingo, mayo 21
No tengo a alguien.
Sé de muchas personas que escriben para alguien en específico.
Una musa; un ser que inspira, alguien que causa letras y que nunca olvida.
Pero yo no tengo a nadie. Sólo escribo sobre el dolor, el odio, la alegría, y sobre personas ficticias. Nada de lo que escribo es sobre alguien real y si así fuese, sería difícil de descifrar.
Una musa; un ser que inspira, alguien que causa letras y que nunca olvida.
Pero yo no tengo a nadie. Sólo escribo sobre el dolor, el odio, la alegría, y sobre personas ficticias. Nada de lo que escribo es sobre alguien real y si así fuese, sería difícil de descifrar.
Hay que trabajar en el arte.
Siempre he creído que escribir sobre el dolor es tan fácil como caminar, respirar y amar. Pero, supongo que también se parece por el hecho de que no todos saben hacerlo. No todos pueden dominar el arte de escribir. Unos los hacen porque sí, otros porque es una razón para vivir. Y así lo veo yo. Escribir siempre me ha ayudado. No soy buena hablando sobre las cosas, pero, como recompensa, soy buena escribiendo sobre ellas. O no sé, quizá es lo que quiero creer, pues, cuando hablo sobre algún tema en específico, sé bien a dónde voy, y qué es lo que estoy diciendo.
Creo que hay que trabajar en el arte de escribir, y amar, pues, al final, es lo único que nos podrá ayudar.
Creo que hay que trabajar en el arte de escribir, y amar, pues, al final, es lo único que nos podrá ayudar.
Fragmento de mi vaguedad.
Me había mirado en un espejo cuyo reflejo era la vía láctea. Tenía miedo. Yo siempre tenía miedo. Pensar en el futuro sólo causa eso. Creía que no sería suficiente para alguien más, me preocupa el hecho de nunca aprender a amar. Al final, descubrí que ahí, era suficientemente buena, y nunca más volví a preocuparme por ello. Lo peor vino luego. No me sentía cómoda, ni suficiente para hacer algo por mi misma, y eso era el algo que todo el mundo creía. Familiares, amigos, personas que me veían por ahí, no me encontraban algún sentido. Intenté no buscar culpables, pues, ya había uno. Era yo.
Habían días tristes en los que creía que la solución era morir. Qué les puedo decir. Si no sirves para nada, ¿para que seguir aquí? , no sé si era cobarde o aún tenía esperanzas. Sólo sé que me quedé y entendí lo que quería para mi, sólo que estaba muy lejos de lograrlo. Leía a raudales como cuando era mucho más joven. Me la pasaba imaginando como siempre hacía. Huyendo. Viviendo una utopía.
Habían días tristes en los que creía que la solución era morir. Qué les puedo decir. Si no sirves para nada, ¿para que seguir aquí? , no sé si era cobarde o aún tenía esperanzas. Sólo sé que me quedé y entendí lo que quería para mi, sólo que estaba muy lejos de lograrlo. Leía a raudales como cuando era mucho más joven. Me la pasaba imaginando como siempre hacía. Huyendo. Viviendo una utopía.
Cuando tenga tiempo te perdono...
Amor, ya no sé si fuiste real
tus letras se me escaparon
como quien huye de un lugar en el que no quiere estar.
tus letras se me escaparon
como quien huye de un lugar en el que no quiere estar.
Fragmento de Rapsodia del descendido (Isaac Morales Fernández).
Necrosanto:
El mundo me pesa en el cráneo.
La sociedad es mi hermano, ese hermano mayor
siempre sometedor, molesto y asesinable.
A veces me provoca soltarme las amarras, pero supongo
que sólo puede soltármelas el otro: mi hermano mayor:
ése que no canta ni siquiera un mísero y desafinado
si bemol menor en una aburrida mañana de ruidos
toscos como martilleos lejanos.
Alguien dijo.
Una vez alguien dijo que somos una chispa divina de Dios viviendo en un cuerpo físico sólo para experimentar lo que es amar. Pues, al final, ésa es la única razón por la que estamos aquí.
Se escuchó tan bonito que me dieron ganas de creer.
¿Y si es así? , ¿y si nuestro único motivo de estar aquí es aprender a amar y eso es lo que nos llevaría a la felicidad absoluta de la que todos hablan y desean tener? , ¿Y si en el hecho de no ir por el camino correcto y entender con exactitud lo que es amar y ser amado, la vida, el karma, Dios, o sea lo que sea, nos castiga con cada cosa mala que nos ocurre?
Ésas son algunas de las preguntas que me hago al respecto. Tengo la opción de olvidar o vivir para ello.
Se escuchó tan bonito que me dieron ganas de creer.
¿Y si es así? , ¿y si nuestro único motivo de estar aquí es aprender a amar y eso es lo que nos llevaría a la felicidad absoluta de la que todos hablan y desean tener? , ¿Y si en el hecho de no ir por el camino correcto y entender con exactitud lo que es amar y ser amado, la vida, el karma, Dios, o sea lo que sea, nos castiga con cada cosa mala que nos ocurre?
Ésas son algunas de las preguntas que me hago al respecto. Tengo la opción de olvidar o vivir para ello.
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