lunes, mayo 2

Yo me entiendo.

Hace frío y llueve, puedo ver el patio inundado, puedo ver como caen las gotas y ese sonido tan particular me calma, podría decirse que literalmente caía un palo de agua pero también eran mis lágrimas, escribo sobre lo que llegué a decir, una vez más cambiando mi manera de pensar, y es que en un momento puedo decir hola y al siguiente puedo decir adiós. Abril terminó y el miedo volvió, yo sólo le dije que nunca dejara que nadie le dijera cosas inaceptables y que tomara en cuenta que quien le dijera que le amaba, jamás le lastimaría, el sólo asintió y fue allí donde todo empezó, me di cuenta que yo nunca tuve quien me dijese esas cosas pero ahora yo tenía a quien decírselo y era especial, porque de las personas en el mundo él para mi era otro yo a punto de germinar,  a veces me culpo de todo, otras veces no sé si estoy siendo demasiado cruel conmigo misma, y al mismo tiempo me pregunto donde estuviese yo ahorita. Abrí un libro viejo y su olor me liberó del miedo, y al mismo tiempo me hizo creer que aunque Dios no esté siempre hay alguien que le puede ver,  no sé si me explico, debí haberlo dicho: no funciono bajo presión, necesito comprensión no solamente amor, pero al final entendí que no tenía nada y entre la miseria mis lágrimas se manifestaban. Tengo miedo de querer y ser querido, porque después de todo, alguien terminará herido. Ya no sé cuántos días más podré aguantar, de repente veo gente que ni siquiera debería estar. Yo me entiendo, después de todo sólo yo me libero de lo que creí haber descubierto.