Primer lunes del año, qué novedad, pensé que aún era diciembre pues mi habitación dice que enero solía ser más relajado, hoy es un concierto con un montón de secretos guardados, suena el cuarteto de nos y me siento como si fuese Dios, si ustedes los han escuchado entenderán porqué. Una semana libre, una semana para no hacer nada y sufrir un poco más después del día de mañana. ¿Desde cuándo mis cumpleaños se convirtieron en una pesadilla? , ah si, ya recuerdo, desde que los viajes a Mérida no continuaron, eso si era felicidad, a veces ni siquiera había una torta pero yo era feliz porque el frío me congelaba las entrañas y esas fresas con crema me alegraban el alma. Daría mi vida por estar allí. Árboles, muchos árboles, qué bonita infancia la mía cuando parte de ella la viví en un lugar que se ha convertido en todo lo que quiero para mi. Unos desean una mansión en New York, yo sólo quiero una casa en un bosque, días fríos, noches eternas a la luz de la luna y un chocolate caliente para las penas del corazón. Volviendo al tema, sólo quiero dormir pero ya no puedo obligarme más a eso, es que ya he dormido tanto que no tengo que soñar. Se me va la vida en utopías y al mismo tiempo vivo en mis mismas fantasías. Qué difícil es existir aquí.