viernes, julio 24

Somos un constante cambio.

A veces hay tanto para decir que al final no se dice nada, eso es tan cierto como yo diciendo un te quiero. Vivimos en un constante cambio, climático, emocional y físico. Aunque no queramos aceptarlo, así es. Tal vez hoy soy lo que nunca me enseñaron a ser, lo que muchos podrán odiar y otros raramente admirar, así funciona todo. Acepto que no he sido la mejor persona, admito que a veces trato mal a los demás porque me gusta, especialmente a los que me hicieron sentir de esa manera primero, qué inmaduro se leerá eso pero es así y sé que mañana ya no pensaré igual. Eso es lo que trato de explicar. Somos varias personas a la vez y nunca lo que realmente se es. Yo quiero ser ese constante cambio a donde quiera que vaya, no avergonzarme principalmente de lo que fui, de lo que pensé. Cuando estás pequeña te dices a ti misma: Cuando sea grande quiero ser doctora o una gran cantante, tendré dos hijos; una niña y un niño, un bonito esposo, un buen trabajo y voy a viajar por todo el mundo, luego, creces, ya no quieres ser doctora porque le temes a las inyecciones, te das cuenta que tu voz no es la ideal para hacerla escuchar públicamente, tener hijos es muy complicado, un esposo mucho fastidio, y viajar por todo el mundo no resulta tan fácil como en los cuentos.