Caminé tanto que llegué a un callejón sin salida y ahí estabas tú. Sacando la basura de lo que parecería ser un restaurante.
- Oye, es mejor que te alejes de esta zona. Solo sirve como basurero y te meterías en problemas si algún zorro de pilla por aquí.
- ¿Zorro?
- Sí. Estos hombres que están buscando todo el día a quién asaltar o golpear.
- Vaya, a dónde vine a llegar...
- Si quieres pasa conmigo al restaurante y sales por la otra calle. Es mucho más habitada y ningún zorro va a aparecer.
Sí. Sin duda acepté. Y lo que no imaginaba es que ese era el inicio de un montón de cosas que harían de mi vida algo mejor.
- ¿Puedo comer?
- Sí, claro. Ve a alguna mesa y en un minuto iré a atenderte.
- Gracias.
- Oye, disculpa la pregunta. ¿Estás bien?, es que es raro ver a alguna chica en esta zona y más cuando estamos lidiando con el tema de los zorros desde hace años.
- Sí estoy bien. Solo comencé a caminar sin rumbo y llegué aquí.
- Vaya lugar...
Asentí con la cabeza y solté una risa avergonzada.