Despierto y lo único que se me viene a la mente es todo lo que tengo o debería estar haciendo, como resolver problemas que no se resuelven tan fácil como sonreír y pensar con la mente buena. Mientras me muevo al ritmo del día caluroso los mismos problemas siguen ahogandome y aunque mi cara demuestra cansancio, y mi cuerpo ganas de continuar, siento que me estoy muriendo y que lo mejor es dejarme llevar. Me muevo de un lado a otro intentando omitir el dolor y la angustia pero cuando llego a casa todo parece empeorar. Desastre, visitas, y gente que ni siquiera comprende lo que soy. ¿Será que elegí mal nuevamente o quizá es solo parte de la distorsión de mi mente?, intento parecer que estoy bien, aunque a veces no lo puedo ocultar, todos se asustan y hablan a mis espaldas. Quizá no merezca convivir con gente que ya superó estas etapas. Sigo pensando en lo que tengo que pagar, el dinero es el problema principal y por eso me cuesta enormemente avanzar. Me miro en el espejo, no me gusta lo que veo. Me sigo viendo y encuentro defectos hasta donde antes no tenía, ¿que está pasando?, ¿soy así realmente?, o es que no me quiero ni un poco para notar que en mi sonrisa hay un poco de amor y desesperación poética. Esa que te ahoga pero que no te deja hacer cosas en las que podrías terminar muerta. Día y noche pensando. Pensando. Y pensando. El estrés me agobia y me invento historias que no son reales. Creo que el mundo es mi enemigo, pero también sé que soy yo misma quien se menosprecia y se echa cada vez más arena. Estoy tan cansada. No encuentro salida. Y las salidas que logro ver me llevan a 1993, donde no existía, donde el sol brillaba y las canciones más lindas acompañaban a gente que se quería. Estoy jodida. Quiero estar sola. Quiero estar menos herida. Nadie puede salvarme. Ni siquiera yo...
¿Y si mejor regreso a ese lugar en el que si pertenezco o sigo intentándolo hasta que por fin pueda sentirme completo?