Siempre me tomo la delicadeza de advertirle a la gente que conmigo no todo estará bien. Qué un día diré algo y al otro lo olvidaré o ignoraré por completo. Todo con el fin de no sentirme culpable si las cosas salen mal y terminan odiandome. Pero, al final al eso no sirve de nada porque el resultado es el mismo. Me intereso por personas que no conozco y cuando es así, pierdo ése interés. Se interesan en mi personas que no me conocen y cuando lo hacen se interesan más, pero no sirve de nada porque yo ni siquiera intento participar. Espero demasiado del mundo y por ende, nada me sorprende. Espero demasiado del amor, por ende nada me convence. Nunca he querido estar por estar. Las personas creen que por el hecho de que yo intente algo, soy yo la perdedora. Qué mal y reconfortante pensamiento. Me alegra que el resto crea que soy yo quien pierdo. No me hago la víctima porque ésas personas sin querer e intentando obtener la razón lo hacen. Sólo me facilitan el trabajo que hago por inercia. Soy yo la que siempre gana aunque alguien más me cierre la puerta. Y aunque me sienta triste, no es por alguien más. Es por mi porque realmente pude intentar de verdad. Soy maniática. Y superficial. No con el físico, sino con la personalidad. Me fijo demasiado en las características de los demás. Todo eso influye en si me quiero quedar.