Habían hematomas en toda mi piel, no entendí cómo, ni porqué. Sólo sé que parecían galaxias esperando ser habitadas. Sólo sé que resaltaban como si para eso estuviesen diseñadas. El café se había congalado y el frío se había convertido en un color áspero. El piso eran nubes amarillas y el sol caminaba al lado de mi persona favorita. El desayuno ya no era almuerzo y en el infierno todos repartían besos. Mi mano ya no era un brazo, y mi brazo ya no gritaba te amo.