El amor propio es tan gratificante como una taza de café en un día frío junto con las personas que más quieres y que nunca te harían daño.
El amor propio es darte cuenta que no importa quién se fue, sino quién se quedó y sinceramente dio lo mejor.
El amor propio es dejar ir y dejar de buscar. Lo que deberá suceder, simplemente sucederá.