Soy sólo una adolescente más, con muchas cosas que ocultar, dirán. En realidad sólo soy lo que quiero ser y aún me encuentro descubriendo lo que seré, diecinueve años cuyo la mitad de ellos no encuentro, diecinueve creyendo o intentando parecer hacerlo. Soy mis libros y mis días lluviosos, soy el amigo que te escucha aunque parezca odioso, soy lo que nadie espera, soy la que repite letras. Estoy viviendo en medio de lo que escribo y de lo que imagino. Quiero creer que mi vida es un libro. He dejado de pensar en el suicidio, recuerdo cuando era lo primordial ahora sólo es un chiste más. Me parece tan cliché como amar. Me gustan las cosas lentas, miento, yo no tengo paciencia. No puedo esperar sentada en el sofá mientras el mundo se desintegra, no puedo esperar por ti querida alma gemela, cuyo nombre no conozco y cuyo rostro no imagino. Dedico letras para encontrarle sentido. Mi mamá dice que soy el ser más obstinado que existe, creo que es así pero no por eso me niego a sonreír. Mis amigos me dicen que soy la persona que más se queja en el mundo, admito que también es así pero dime, ¿si no me quejaría como le encontraría ritmo a la vida?, dicen por ahí que me falta enamorarme para poder escribir sobre ello, supongo que por eso a mi romanticismo le dio miedo, huyó y me dejo escribiendo palabras cuyo significado ni siquiera yo comprendo. Me contradigo y escribo lo mismo en sinónimos, a veces me asusto y otras veces me creo la dueña del mundo.