domingo, noviembre 22

Me siento ofendida cuando despierto y soy humana.

A veces me siento ofendida cuando despierto y soy humana, el hombre desde su creación sólo hay traído destrucción. Seamos sinceros, somos el caos dentro de un caos más grande. No confiamos y creemos que amamos, vamos corriendo cuando ni siquiera hemos caminado. Aunque yo siempre estoy entre el negro y el blanco, en el ser y no ser y se que hay más de uno que también lo está. Quisiera comprender la dependencia emocional para ver si aprendo un poco y dejo de aferrarme a la soledad, aunque ella debería contar como persona pero como sabemos que no, hablemos de las personas. Van por el mundo buscando a quién, a quien herir, a quien amar, a quien olvidar. Están tan aferrados a querer ser de alguien, tanto físicamente como emocional que eso es lo que los vuelve más caóticos. Personas odian personas porque una de ellas estuvo con alguien que fue de la otra. Personas que siguen odiando personas porque quien te gustó a ti, me hizo caso a mi y eso te hace odiarme. No voy a decir que no odio a nadie, pero por lo menos mis motivos no son tan banales, y a veces me gusta pensar en cómo sería hacer que ya esas personas desaparecieran pero aún estoy a ése paso de perder la cordura aunque sinceramente creo que nací sin ella. El punto es que si me preguntan si he llegado a amar mi respuesta es sencilla: nunca y jamás. Aunque decir nunca es caer en un lecho de muerte pero quizás al decirlo estoy incitando la situación. Nunca me ha pertenecido nadie, quien a creído que sí, debería leer esto y creer que mentí. Todo es pasajero, incluso esto se disuelve en el viento. Es noviembre veintidós, me siento presa de un mayo que nunca terminó o quizás sólo escribo lo que rima porque después de todo sólo sé que es fantasía.