domingo, marzo 19

Extraño las cosas que hacíamos, no a ti.

Las llamadas a las tres de la mañana y los mensajes que me daban paz luego de haberme despertado por una pesadilla...
 
                   Los extraño.

La ansiedad antes de verte cada mañana...
 
                   La extraño.

Los abrazos inesperados, los besos en días fríos y soleados, los suspiros que nos dejaban embriagados...
                
                  Los extraño.

Las canciones que nos cantábamos a todo dar, las visitas largas que no queríamos dejar pasar...
                    
                   Las extraño.

Cocinar bebiendo sangría, ver películas comiendo mientras afuera llovía...
                  
                     Lo extraño.

Decir cosas que nunca había dicho, sentir mariposas cada vez que estabas conmigo...

                     Lo extraño.

Creer que todo era cierto, creer que en ésta ciudad no todos estaban mintiendo...

                    Lo extraño.

Extraño cada cosa que hacíamos, pero...
                                   No a ti.

Relato: Sed.

Un día desperté y recordé a aquél chico cruel que a mi lado a veces se sentaba. Era un poco tímido pero eso no evitaba que cuando hablara, sólo ser hiriente le resultaba. Era un incomprendido. Como tú, como yo. Nada nuevo para la sociedad. Siempre creí que era demasiado complicado para mi, casi intangible. Un día me hablaba y me hacía querer tenerle en mi vida por siempre, al otro, me hacía entender que tenía sed de cosas buenas, de gente que lo apreciara y lo comprendiera. Nunca me acerqué lo suficiente como para ser de ésas personas. Él no me dejó. Él realmente no dejó a nadie. Un día lo noté distinto, era de noche y hacía frío, me habló sin malicia y ahí comprendí que él no era lo que todos decían. Pero, al día siguiente volvió a ser ése chico que nadie quiere. Que nadie frágil como yo soportaría. Nunca más volví a verle, y aunque sentía que estaba cerca, no era lo suficiente. Pensando en personas que me habían dejado algo, lo encontré a él. Decidí escribirle, quería saber si estaba bien. Un hola bastó y el no respondió. Era el mismo, nada cambió. Como había decidido hacer lo que quería sin importar las consecuencias, insistí. Le dije que quería preguntarle algo y que si quería que me escribiera por otro lado. Lo hizo. Sentía su curiosidad. Sentía que quería saber más que simplemente imaginar. Fui directa, me sorprendió. Le pregunté si en algún momento le había gustado yo. Comenzó a escribir cosas sin sentido que a mi alma le dieron un nuevo motivo. Nunca respondió con exactitud mi pregunta, pero me dejó queriendo más de lo que él a simple vista sentía, vivía, veía. Dijo que había cambiado pero yo seguía notando ése interés interesado. Ése que me hizo huir de muchas personas, ése que me estaba hipnotizando ahora. Me propuso algo inusual, ser amigos después de medianoche, el compartía conmigo sus canciones y yo le enviaba los poemas más increíbles que pudiese conocer. Acepté. Yo sólo quería más de él. No entendía como alguien que no me veía del mismo modo en que yo a él, me tenía en las nubes. Me tenía preocupada el si me escribía o me ignoraba. Y él era muy bueno en eso. De repente podríamos estar teniendo la mejor conversación del mundo, de repente el huía. ¿De mi? , no sé, supongo que no quería saber si yo estaba (él me hacía) bien. No pretendía nada más que ser mi amigo. Yo no quería eso. Yo quería cambiar su vida y que él siguiera cambiando la mía. Lo mejor fue la primera canción que envío, hizo que mi corazón estallara y no sé si era de felicidad o amor. No llevaba ni una semana en él y ya me dolía que no podía volverle a ver. Ya me dolía que no me quisiera ver como yo a él. -Tienes sed de amor- me dijo, nunca le dije que no, pues yo sabía que era cierto como esto que escribo. Lo que él no sabía era que tenía sed de su amor.